Las videoconferencias ya son parte central de la forma en que trabajamos, pero muchas organizaciones todavía tienen salas que no están preparadas para ofrecer una experiencia de reunión realmente equitativa.
Cada semana pasamos en promedio 11.3 horas en reuniones y el 86 % de ellas cuenta con al menos un participante remoto. Sin embargo, solo el 28 % de las salas de reunión a nivel mundial cuenta con algún tipo de equipamiento para videoconferencias, y apenas el 6 % está completamente estandarizado.
El desafío no es solamente conectar una cámara y un micrófono. Una buena experiencia híbrida implica que las personas que participan de manera remota puedan ver y escuchar claramente a quienes están en la sala, independientemente de dónde estén sentados.
Esto es especialmente importante en salas medianas y grandes, donde una única cámara frontal puede no ser suficiente para capturar todas las conversaciones. En estos espacios, incorporar cámaras y micrófonos adicionales permite obtener diferentes perspectivas y acercar la experiencia de quienes están a distancia a la de quienes están físicamente presentes.
La tecnología también debe ayudar a que las reuniones sean simples de iniciar y gestionar. Una experiencia consistente entre salas, con soluciones de videoconferencia estandarizadas y opciones de acceso intuitivas, reduce las fricciones y permite que los usuarios se concentren en la reunión, no en la tecnología.
En definitiva, diseñar salas para videoconferencias no consiste únicamente en mejorar la calidad de imagen y sonido. Se trata de crear espacios donde la distancia deje de ser una barrera para colaborar, participar y tomar decisiones.
Autor: Logitech (2026). Reuniones híbridas: cómo crear una experiencia donde todos puedan participar.